La de la Choza del Cojo

Cuando Paqui llegó hasta Valencia en busca de su madre, la encontró ejerciendo la prostitución para un proxeneta argentino buscado por la Interpol. No se sorprendió demasiado, ya nada podía dejarla sin palabras, ella venía embarazada de Córdoba y necesitaba simplemente que un ser querido la acogiera en su regazo: “el chulo de mi madre decidió darme un dinero para abortar, tratándome de convencer de que no me convenía tener hijos, y yo lo acepté sin pensar demasiado en las consecuencias”. Pero Paqui no abortó y tuvo una hija. Y adquirió también una deuda con un hombre violento que la convertiría durante años en mercancía para su negocio.Paqui

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Aurora

Colabora en el Comité desde hace unos quince años y ha participado en diversos programas de atención directa destinados a ayudar a mujeres con VIH. Es enfermera de profesión, voluntaria convencida y podría decirse que ha pasado toda su vida al servicio de los demás. Aurora lleva 83 años regalando toda su luz.

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Silvia al desnudo

Fue una de las primeras mujeres con VIH en Valencia. Difundió su testimonio por los barrios más perjudicados de la provincia y se convirtió en la evidencia más palpable de que el sida no era, como se creía, un localizado “síndrome gay”. Silvia Muñoz es todo un ejemplo de valentía y autosuficiencia. Llevó a cabo un proceso de adopción en solitario y motivó a otras mujeres afectadas por el virus a no reprimir su deseo de ser madres. Actualmente es la presidenta de AVACOS-H y su trayectoria recrea la fuerza magnánima de una mujer verdaderamente empoderada.

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Silvia Muñoz posa junto a una de sus creaciones

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Otro junio para Máryuri

Cuando se iniciaron las primeras investigaciones se llamó “club 4H” a lo que se pensó que era el conjunto de colectivos de riesgo más expuestos para adquirir VIH. Este término discriminatorio englobaba a homosexuales, heroinómanos, hemofílicos y haitianos. Los afectados no pertenecientes a esta catalogación se convertían en una excepción de quien compadecerse. Mala suerte por sexo no protegido. Como sucedió a muchas mujeres en los años 80 y como ha pasado con Máryuri, una mujer de 42 años diagnosticada con VIH hace ocho meses. Ella siempre ha sido una chica sana, le gusta cuidarse, nunca ha probado las drogas y ha tenido sexo con tres personas en toda su vida: “jamás hice nada en mi vida diferente a lo que hace cualquier mujer cuando tiene sexo con su pareja”.

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Verónica significa victoriosa

En los años 80 muchas mujeres adictas a la heroína cuidaban a sus hijos solas, sin la graciabilidad de ningún tipo de intervención pública, y sin que los centros neurálgicos de las ciudades se percataran de que el problema de la droga era más grave y complejo que estéticamente molesto y panfletario. Esta es la historia de Verónica, una joven de 28 años que posee de la década del caballo una de sus peores consecuencias: ella fue la única de sus tres hermanas en adquirir el VIH de manera vertical, transmitido desde el cuerpo de su madre.

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La mujer rota, una crónica

“Mi marido y yo abandonamos Senegal ilusionados, buscando aumentar nuestra calidad de vida en España y, en mi caso, buscando acceder a las oportunidades que me habían sido negadas en mi país. Como es normal, el tiempo y las circunstancias acabaron por enfriar nuestra relación, a pesar de que las temperaturas de Canarias son suaves todo el año -bromea-. Así que por inercia ambos dejamos de tener sexo. Yo pensaba que esto le pasaba a todas las parejas que llevaban mucho tiempo, así que terminamos acostumbrándonos. Un buen día mi marido cambió de repente y se empeñó en penetrarme a todas horas. Me extrañaba ciertamente su actitud pero yo accedía, siempre, porque mi religión dice que la mujer debe corresponder obediente las apetencias sexuales del marido. Él me ocultaba que tenía VIH y quiso que yo también lo tuviera”.

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White Lady: los amores al límite

Prefiere que la conozcamos por Blanca, que en argot delictivo significa sin antecedentes penales. Es un nombre con el que se identifica porque le recuerda a la luz entre las sombras. Eso le gusta pensar. Hoy tiene 45 años y en un esfuerzo por reavivar sus recuerdos y emociones más intensas nos relata con detalle cómo vivió su juventud durante los años 80 en Valencia. Una ilustrativa muestra de lo que significó para una mujer convivir junto a la droga y junto al VIH en un momento de democratización de las efervescencias.

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El término quinqui se hace común en los medios de la época.

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